Por Vania Itzumi Catalán Pérez
Publicación original Community SCIENCE Mx
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Edificio
de vivienda multifamiliar con daño alto (DS3) deshabitado. Créditos
fotográficos: Vania Catalán. Marzo de 2019. |
A casi tres años del evento sísmico del
19 de septiembre de 2018, algunas familias mexicanas continúan en espera de rehabitar
sus viviendas.
En una metrópoli con un gran riesgo sísmico como lo es la Ciudad de México, habrá que detenerse a analizar algunas de las razones por las que este riesgo llega a hacer vulnerable a la población. Situación que involucra a la ciudadanía en general, a los tomadores de decisiones y a los especialistas como arquitectos, ingenieros y constructores. Además, analizar cuáles han sido estos desaciertos para que, en el futuro, puedan corregirse y trabajar por una ciudad más resiliente en materia sísmica, tanto socialmente como en su infraestructura.
Históricamente dos de los numerosos terremotos que han ocurrido en
México son los que han causado mayor impacto a la ciudad, y a la sociedad.
Estos eventos son los sismos del 19 de
septiembre de 1985 Mw 8.1 ocurrido a casi 300 km de la ciudad y, el mismo día
32 años más tarde, con unas horas de diferencia, el sismo de 2017 Mw 7.1, a
casi 100 km. Éstos dos terremotos demostraron que algunas de las edificaciones
más vulnerables fueron los edificios de vivienda colectiva. Los cuales cobran
importancia porque en la Ciudad de México habita alrededor del 7% de la
población total de la República Mexicana, casi 9 millones de habitantes, de los
cuales aproximadamente el 30% reside en una vivienda multifamiliar.
Después del primer evento sísmico, el
Instituto de Ingeniería de la UNAM publicó una investigación titulada: “Evaluación
de los efectos de los sismos de septiembre de 1985 en los edificios de la CDMX” del
experto en estructuras Roberto Meli Piralla,
esta investigación revisó el comportamiento de los edificios en la ciudad tras
el desastre y los daños que presentaron, así como sus posibles causas.
Posterior al sismo de
2017, se observó que muchos habitantes difundían la premisa que
mencionaba: “si mi edificio de vivienda ya soportó el sismo de 1985 y
2017, podrá soportar otros”. Es así como se comienza a analizar esta
suposición para valorar qué tan cierta puede llegar a ser.
Del estudio
mencionado, se toma una muestra de viviendas que en el sismo de 1985
presentaron daño menor (este nivel de daño incluye fisuras en
la estructura, muros o tabiques y daños locales no significativos en columnas y
vigas, es decir, la estructura está clasificada como segura para sus habitantes
y alrededores) para revisar cómo se
comportaron ante el evento de 2017. En esta investigación se encontró que de
aproximadamente 300 viviendas que en 1985 habían presentado daño menor, después
del segundo sismo alrededor del 80% no reportó daños, el 3% volvió a presentar
daño menor, el 6% daño medio, el 5% daño alto y el 6% daño muy alto (en estos 2
últimos niveles de daño la estructura presenta alto riesgo de colapso para los
ocupantes y sus colindancias. Se sugiere la rehabilitación y demolición del
edificio respectivamente).
Esto se traduce en que
alrededor del 11% de los edificios de vivienda multifamiliar que en 1985 no
presentaron daños estructurales, después de un evento sísmico de intensidad
importante, se encuentran destinadas a ser reconstruidas o rehabilitadas.
Situación que es muy delicada ya que se observa que la premisa antes mencionada
es totalmente falsa y que no hay ninguna garantía sobre el comportamiento
futuro de un edificio ante un sismo sin importar la magnitud, porque,
aunque ésta sea menor, la intensidad puede ser mayor como en el caso del sismo
de 2017.
Estos edificios de
vivienda se vuelven más vulnerables si se analizan diferentes factores como la
falta de mantenimiento por los dueños, la escaza información clara para los
condóminos sobre la prevención de estos desastres humanos, el uso de suelo en
zonas inadecuadas para vivienda en vertical, el no cumplimiento estricto del
reglamento de construcciones, algunas irregularidades arquitectónicos
estructurales que se repiten constantemente en la vivienda
colectiva, las constantes modificaciones sin adecuada supervisión a
los departamentos que conforman estas viviendas, la nula cultura de prevención
en los habitantes de la ciudad, y el no saber a qué autoridades y especialistas
recurrir para prevenir todos estos factores que aumentan la vulnerabilidad de
la vivienda ante el riesgo sísmico en la ciudad.
Dentro de las
irregularidades arquitectónico-estructurales observadas en sitio a nivel de
banqueta en el total de la muestra (300 viviendas multifamiliares) se observan
constantemente: irregularidad en planta (90%), golpeteo
(70%), planta baja débil (40%), localización en esquina (40%), columna corta
(30%) e irregularidad en elevación (3%). Lo cual, al sumarse a los factores ya
mencionados, incrementa su vulnerabilidad sísmica.
Edificio de 15 niveles que presentó daño muy alto (DS4). Los edificios del conjunto presentaron irregularidad en planta (en forma de t), y se encuentran localizados en esquina.
Es de vital importancia no perder de vista que, aunque un edificio no
hay presentado daños significativos debido a un evento sísmico, éste ya ha
estado expuesto a la acción de las fuerzas sísmicas, y en una zona donde
tiembla diario, va acumulando el daño, situación que hace aún más vulnerable a
los edificios que ya han resistido varios sismos de intensidad importante,
aunque a simple vista no se observen. Es decir, ya han liberado una gran
cantidad de energía sismo tras sismo, lo que puede derivar en daños delicados
en el futuro.
Después de observar que muchas familias
mexicanas continúan esperando [re]habitar su patrimonio familiar, se debe
estudiar cuáles han sido los desaciertos dentro de la arquitectura, desde la
concepción del proyecto arquitectónico hasta la ejecución de la obra, para
ofrecer soluciones estructuralmente más seguras. Entender que a pesar de que la
Ciudad de México se localiza en una zona de alto riesgo sísmico, no debe
significar que sea vulnerable ante esta amenaza. La sociedad debe estar
preparada para ser resiliente ante ese riesgo. Esto es, que en la ciudad se
tenga la capacidad de ocupar los edificios y su funcionalidad en el menor
tiempo posible, particularmente en el caso de la vivienda multifamiliar que
representa el patrimonio y desarrollo de las familias
mexicanas. Esto se debe lograr en corresponsabilidad entre
constructores, propietarios y tomadores de decisiones.
Los arquitectos deben tomar una postura
crítica y objetiva ante este tema. Definitivamente ponderar la seguridad estructural
para salvaguardar la vida de las personas ante las búsquedas formales y
tendencias arquitectónicas. Tener la capacidad como diseñadores del espacio, de
modificar el concepto de la vivienda multifamiliar para transformarla como lo
ha hecho entendiendo otros procesos sociales como la evolución de las familias
contemporáneas o el uso en mayor medida del automóvil, debe cambiar sus
principios a raíz de estos eventos naturales que definitivamente continuarán
ocurriendo.
Entonces, ¿qué pasará con la vivienda
multifamiliar que después del último sismo presentó daño menor? ¿cuál será el
porcentaje de vivienda dañada severamente y por consiguiente cuántas familias
quedarán sin hogar por años?
“...el duelo por la pérdida del hogar es muy parecido al de la muerte de un familiar”
-Juhani Pallasmaa
Arquitecto finlandés
Edificio en proceso de demolición. Créditos fotográficos: Vania Catalán. Marzo de 2019.
La autora agradece al Instituto de Ingeniería de la UNAM y la tutoría del Dr. Miguel Ángel Jaimes Téllez por el apoyo brindado de agosto de 2018 a marzo de 2020 para la obtención de los resultados mostrados.
Galvis, F., Miranda, E., Heresi, P., Dávalos, H., & Silos, J. R. (2017). Preliminary statistics of collapsed buildings in Mexico City in the September 19, 2017 Puebla-Morelos Earthquake. John A. Blume Earthquake Engineering Center and Department of Civil and Environmental Engineering Stanford University, http://learningfromearthquakes. org.
Meli Piralla, Roberto, y Eduardo Miranda Evaluación de los efectos de los sismos de septiembre de 1985 en los edificios de la Ciudad de México. Parte I: Evaluación de daños. Ciudad de México: Instituto de Ingeniería, unam, 1986.
Vania Catalán
Egresada
de arquitectura por la Universidad Nacional Autónoma de México, integrante del
Consejo Nacional de Estudiantes de Arquitectura (CONEA MX). Directora y
fundadora de Catalán Arquitectos. Es asistente académica en la Facultad
de Arquitectura de la UNAM en asignaturas del área de tecnología. Ha colaborado
en despachos como DOMA Arquitectura (para el proyecto LIMBO: alimento
para el futuro, proyecto arquitectónico y escenográfico) y FJ Arquitectos
(proyecto arquitectónico y apoyo a supervisión de obra). Anualmente con la
revista Arquine para el Festival de Arquitectura y Ciudad Mextrópoli. De 2018 a
2020 realizó una estancia en el Instituto de Ingeniería de la UNAM participando
en la investigación sobre los daños en edificios de vivienda por los sismos de
1985 y 2017, derivado de ello recibió el Premio Facultad de Arquitectura a la
excelencia del Servicio Social y la Práctica Profesional. Su línea de interés
profesional es la gestión de riesgo natural a causa de los sismos, enfocado a
la arquitectura y su relación con la ingeniería estructural y sísmica.



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